Miércoles, 14 Mayo 2014 10:49

Resacas de Semana Santa (2): Público y privado

Público y privado son dos palabras perversas. Cuando uno las refiere se adentra en un territorio peligroso en el que salir ileso se vuelve complicado. En el ámbito político, si defiendes lo público puedes ser tildado de progre, y en el peor de los casos, de progre caduco; si defiendes lo privado serás caracterizado como conservador, y en el peor de los casos como conservador reaccionario.

Pero lo curioso es que si cambiamos de ámbito, y nos situamos en lo religioso, si defiendes que la fe tienes una dimensión pública (es decir, que debe influir en la sociedad), eres llamado conservador, y en el peor de los casos fundamentalista; pero si manifiestas que la fe es experiencia privada (es decir, dentro de tu casa cree y reza todo lo que quieras pero fuera guárdate tu fe y tu rezo) puedes ser tildado de progre, y en el peor de los casos de persona con fe vergonzante.

Total, que yo no se si soy progresista o conservador, y me viene a la cabeza lo que cuentan de un cura, ya difunto, de un pueblo de Albacete, que contaba como anécdota que en tiempos de la dictadura le llamaban rojo, y cuando vino la democracia, le llamaban facha. "Y yo no me he movido de mi sitio" –añadía siempre el cura.

Lo que está claro es que público y privado son palabras que hay que "des-armarlas", si queremos dialogar y entendernos. Desde el punto de vista religioso, es evidente que nuestra sociedad española se caracteriza por no tener suficientemente asentada en su entraña democrática una adecuada visión de la necesaria separación entre religión y política, que en su perspectiva cristiana podemos decir que se trata de una adecuada separación entre la Iglesia y el Estado.

Siento defraudar a quien lea este trampantojo porque no me veo con formación legal, ética y teológica suficiente para definirme en temas puntuales que atañen a este problema. Si un alcalde o un concejal deben presidir una procesión de semana santa, si una patrona de un pueblo debe ser nombrada alcaldesa de honor, si una virgen puede recibir el honor de ser capitana generala de las fuerzas armadas, si se debe o no, o se puede o no tocar el himno nacional cuando salen imágenes de santos, santas, cristos y vírgenes ...todo eso supone un embrollo histórico, cultural y folclórico tal, que personalmente opto por el siempre decoroso silencio.

Pero no me resisto a contar, no sin cierto humor, dos hechos de los que he sido testigo como sacerdote. El primero de ellos es una clara injerencia del político en lo religioso y ocurrió cuando, próxima un año la festividad de la Virgen del Pilar, yo, el cura -que por definición soy el que preside la misa- fui invitado por el cabo de la guardia civil del lugar a la misa de la Virgen del Pilar. Simpáticamente advertí al muchacho que para la próxima ocasión, si le parecía, era mejor que los dos, el cura y el guardia, invitáramos a todo el pueblo. Su contestación fue que eso dependería de las órdenes que él recibiera. No se que pasó al año siguiente porque me cambiaron de pueblo. Aunque.... el cambio no se debió a ese motivo, obviamente.

El otro hecho tiene que ver con una injerencia de lo religioso en lo político. En una visita a cierto ayuntamiento me di cuenta de que el salón de plenos estaba presidido por una imagen del Sagrado Corazón de Jesús. Espontáneamente le pregunté al alcalde quién era quien presidía los plenos si él o el Corazón de Jesús. Su respuesta fue.... "bueno... el cura que había antes que usted ya le advirtió al Corazón de Jesús que aquí no podía hablar... y como la imagen no habla, no estorba".

Como ven, es muy complicado este tema. Aunque al final se me ha trampantojado un argumento que no me resisto a callar, y menos en Hellín donde la devoción a la Inmaculada Concepción es tan notable, según hemos podido comprobar este último año con los avatares del Convento de Franciscanos. Digo esto porque allá por el siglo XIII, cuando los teólogos podían pensar con libertad, hubo un franciscano que defendió a ultranza el dogma de la Inmaculada Concepción de María enfrentándose nada menos que al todopoderoso Santo Tomás de Aquino. Tomás de Aquino venía a decir que la Virgen María no podía ser Inmaculada desde su concepción porque eso haría inútil en ella la redención de Cristo; y el fraile franciscano que se llamaba Duns Escoto afirmaba que convenía a Dios que fuera inmaculada; como convenía, podía hacerla inmaculada; y como podía, la hizo inmaculada (decuit, potuit, ergo fecit)

Pues bien, salvando las distancias, religión y política, política y religión, de hecho, caminan mezcladas en nuestra cultura. Si de hecho están mezcladas es porque pueden estarlo. Pero mi opinión es que no conviene que lo estén.

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