Martes, 08 Octubre 2013 14:08

Annus Fidei

Avanza el calendario y corre el tiempo. Ya acabó la feria. En poco más de un mes concluirá el Año de la Fe flamantemente propuesto por Benedicto XVI. Tengo la sensación de que, para mi propia persona y mi pequeño círculo de relaciones, ha sido un tiempo no aprovechado. Pienso y no soy capaz de hacer una relación, siquiera diminuta, de iniciativas al respecto. Una vez más tengo la sensación de no haber estado a la altura, y lo que más me pesa es que creo que soy el responsable de haber dificultado que mi pequeño círculo haya sucumbido conmigo a tan espantosa mediocridad.

Sin ánimo de ser exhaustivo, como decía aquel, durante este tiempo sólo he realizado lo habitual de cada año… catequesis de niños, de medio jóvenes, …, de familias, reuniones con unas cuentas despistadas que machaconamente siguen formando su fe…un poquito de formación bíblica …unas insignificantes pinceladas de cómo se puede situar la Iglesia ante este enloquecido mundo… He celebrado la Eucaristía, o quizás sólo he dicho misa…no recuerdo bien, todos los días del año. Recuerdo como algo perdido ya en la lejanía del tiempo la celebración de la Navidad, la misa con los enfermos del Calvario. Creo que en Semana Santa tuve unas celebraciones un poco extrañas parecidos a los oficios que antes se hacían por esas fechas…. Bodas, pocas; bautizos, unos cuantos; primeras comuniones….como todos los años. Bueno y algunas cosas más. Pero…del año de la fe no me he enterado. Ay perdón…si ¡cómo olvidarme de esto!: después de diez años unos cuantos jovencillos se confirmaron.

Imperdonable. Se ha pasado este año… y del Annus Fidei, nada de nada.

Rectificar es de sabios, y así a vuelapluma, se me ocurre que aunque ya el año que viene estemos fuera de este magno acontecimiento quizás, para commemorar el Annus Fidei podría celebrar la festividad de San Roque en noviembre, un mes más propicio que agosto; también podría celebrar el Triduo de Semana Santa próximo a la Navidad porque la gente estará más motivada y no habrá tanto ruido de tambores. Intentaré buscar emplazamientos exóticos para celebrar la Eucaristía: el cerro del pino, el cuco o algún bucólico lugar por la ruta de los pantanos; comprendo que los templos ya no motivan los suficiente para tales menesteres.

Acabo esta pequeña confesión  con cierta alegría. No está todo perdido. Aún estoy a tiempo de sumarme al carro de este envidiable evento. Insisto... Inexplicable olvido. ¿Me lo perdonarán los míos?

PD: Cuando concluyo este escrito me llega una invitación para peregrinar a la ciudad europea en la que se encuentran las tumbas de los Reyes Magos. La fecha no me viene muy bien pero cómo no peregrinar a renovar la apuesta de la Iglesia por la gentilidad en tan señalado año. Ya te avisó mamá…volveré a subir en avión.

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