Martes, 11 Septiembre 2018 19:41

Marta Ferreras: “las personas con discapacidad son personas normales y corrientes”

Una vallisoletana de Hellín, una manchega de adopción que no pierde ninguna “d” intervocálica y que ha convertido su profesión en una forma de visualizar la normalidad entre las personas con otras capacidades.

Marta Ferreras es, pese a su visible timidez, una de esas personas que saben impeler sus convicciones con una necesaria dosis de dulzura. Pintora, y también cineasta, se declara madre afortunada de un hijo con discapacidad. Lejos de buscar una mirada compasiva, ha luchado y lo seguirá haciendo por buscar la felicidad de su vástago usando los pinceles como principales armas.

Empezó a blandir esas “armas” hace ya un puñado de años, ganándose la vida junto a su marido en diferentes ciudades de España. “Hacíamos caricaturas y retratos ambulantes, incluso pinturas en el suelo”, recuerda la pintora, rememorando una feliz etapa vivida en Barcelona. Allí, en sus Ramblas, plasmaron cientos de recuerdos para turistas y vecinos.

Antes, Marta Ferreras había estudiado Bellas Artes en Salamanca, ciudad de la que sigue estando enamorada. Allí conoció a su marido, también artista plástico, con quien compartió ese periplo de casi una década con una mochila al hombro. Tras varias interinidades en otros tantos lugares su marido consiguió plaza de profesor de dibujo en Tobarra.

La decisión de vivir en Hellín fue, en parte, por la localización del Colegio de Educación Especial Cruz de Mayo. Su hijo ya había nacido y una de las primeras cosas que hizo en esta ciudad fue ir a conocer el centro. “Me sorprendió en todos los sentidos”, asegura, “mi hijo cambió mucho y muy positivamente en muy poco tiempo”.

“Queríamos un colegio de educación especial”, dice con seguridad. “Soy realista y quiero que mi hijo esté contento y feliz”. Marta Ferreras opina que la integración de niños con discapacidad en centros de enseñanza reglada es un error, puesto que éstos no suelen estar preparados para atender las necesidades de estos niños, al menos los que no son autónomos. Cree que a veces es una cuestión de obcecación de los padres por aparentar normalidad. Esa normalidad existe, matiza, “las personas con discapacidad son personas normales y corrientes”, pero tienen unas necesidades educativas que es muy difícil que se puedan dar en un centro no preparado.

Su vinculación más estrecha con el Cruz de Mayo, que trasciende del mero hecho de ser madre de alumno, comenzó “para conocer mejor el colegio y a los demás niños”. Enseguida se ofreció a realizar los primeros talleres de pintura y las primeras exposiciones. Un proyecto que se está completando, para dar mayor visibilidad, con la realización de diferentes películas que han sido seleccionadas y premiadas en numerosos festivales.

Una pintora que también dedica parte de sus esfuerzos al séptimo arte, con una ya amplia filmografía con la infancia y la discapacidad como ejes centrales que ha recibido más de una veintena de menciones y prestigiosos premios internacionales. Este próximo fin de semana, sin ir más lejos, participa con tres cortos en el Festival de cine sobre la discapacidad en Cullera, y quién sabe si el domingo regresará a Hellín con un nuevo galardón. El verdadero premio es la visibilización, aunque reconoce que todo el tiempo y esfuerzo dedicado en estos proyectos también deberían tener una compensación económica. Por ello lleva unos meses intentando profesionalizar un poco su labor, ha creado una productora, y espera poder así conseguir una mayor distribución de sus películas. “Mi idea es cuando complete con otros tres cortos la serie Cuentecito poder ofrecer la exhibición de los 6 en un pase para sala de cine”, augura.

Dos de sus películas más reconocidas son “Paisaje nocturno”, que obtuvo hasta 9 premios en diferentes festivales o “Un día en el Colegio Cruz de Mayo”, que obtuvo un premio en Indonesia pese a las dificultades para poder sacarla a la luz, puesto que se tomó como una revancha política en un momento delicado en el que estaba en juego el futuro del centro “cuando en realidad no tenía nada de política sino una defensa de la labor que hace día a día el colegio”.

“Hemos trabajado mucho en el colegio y quiero que mi hijo siga teniendo este tipo de atención en Hellín”. Sobre el futuro centro lamenta la lentitud en los plazos de ejecución, pero confía en que finalmente se hará. Entiende que el edificio actual, “aunque es precioso con todos esos espacios” es muy difícil de mantener, por lo que le parece acertada la decisión de construir un nuevo colegio más pequeño y moderno.

“Cuando vi que corría peligro la continuidad del centro no podía consentirlo, y se luchó mucho”, rememora Marta Ferreras sobre la amenaza de cierre del colegio que sobrevoló hace unos años por algunos despachos.

Marta Ferreras está ahora inmersa en la preparación de nuevos cortos, para los que ha pedido ayudas estatales para poder financiarlos. Es la continuación del proyecto “cuentecito”, diferentes historias contadas por niños con discapacidad y sin ella, y cuyos rodajes son una experiencia muy enriquecedora para ambos grupos. Después de que los niños interactúen entre sí su trato es mucho más natural, y también es una forma de educar en positivo sobre la discapacidad, sin chistes tan habituales en otros tiempos pero tampoco con pena o compasión.

“No importa lo que piense el vecino”, asegura sobre el miedo o la vergüenza que sienten algunos padres a la hora de llevar a sus hijos a centros de educación especial. “Si lo llevas a un sitio donde no pueda hacer cosas le bajará la autoestima”, explica Marta Ferreras, poniendo como ejemplo sobre la importancia de la superación el hecho de que nunca pinta en los cuadros de sus alumnos, solo les da pautas para que ellos puedan realizarlo sin mayor ayuda.

“Nuestros hijos no pueden cumplir nuestros sueños incumplidos ni ser un reflejo de lo que quisimos ser”. Simplemente “ver vivo y feliz a tu hijo” es lo mejor que te puede pasar en la vida.

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